Ovarios

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No soy madre pero podría serlo, señor empresario. Tengo 30ypocos y no me planteo una ligadura de trompas como usted no se plantea una vasectomía. Puede esperar a que tenga más de 45 años para contratarme, a que haya pasado el ‘peligro’, aunque para entonces ya seré demasiado mayor y, por supuesto, para entonces la experiencia que tengo ahora no le valdrá de nada.

No me contrate, ni se moleste en leer mi currículum, no pida referecias, ni valore mi experiencia. Sabe de sobra que cumplo con todos los requisitos para el puesto de trabajo, pero tengo ovarios.

La crisis no puede evitar que tenga 30ypocos y sea mujer. Como tampoco puede evitar que me indigne cuando oigo en voz alta la opinión generalizada entre los empresarios, según la cual es mejor contratar a mujeres mayores de 45 o menores de 25, “porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. La frase en cuestión, para más inri, la firma una mujer, presidenta de una asociación empresarial y madre de seis hijos llamada Mónica Oriol.

Oriol, que evidentemente nunca ha tenido que mandar un curriculum ni ponerse delante de un equipo de Recursos Humanos porque sus apellidos le han asegurado estar donde está, es el claro ejemplo de que ser machista es una cosa y ser gilipollas es otra muy distinta, aunque a veces se confunda.

Pero Oriol no es la única que piensa así, aunque pocos son capaces de cometer la imprudencia de admitirlo.  Aunque no lo digan, ningún empresario en su sano juicio contrataría a una mujer en edad de procrear, por lo que las treintañeras de hoy en día seremos una generación perdida en el plano laboral, y claro, sin un sueldo, está la cosa como para plantearse tener hijos.

 

Estereotipos

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Ser mujer es un estereotipo. Y afirmo tal cosa (aunque me lluevan las críticas) porque serlo, hoy en día, significa más cosas de las que deberían suponerse por el hecho de nacer con un determinado sexo. Hay mil ejemplos para demostrar esto y, cualquiera (hombre o mujer) los ha visto o sufrido casi a diario.

Ayer mismo, me topé con dos ejemplos en la prensa. Por un lado las palabras (medio en broma medio en serio) de Toni Nadal ante el anuncio de que una mujer (da igual que se llame Gala León o Pepita Pérez, da igual que sea una profesional o no tenga ninguna preparación) se siente a dirigir a un equipo masculino de tenis. El hecho de que Miguel Margets, por poner un ejemplo, estuviera durante años como seleccionador español del equipo femenino no suponía ningún problema logístico con los vestuarios, parece ser.

Otro fue el discurso de Emma Watson hablando de feminismo e igualdad (lástima que las dos palabras chirríen cuando van juntas en una frase) en un discurso de la ONU. Sobre el contenido del mismo, mejor no hablo porque podéis leerlo en este enlace, os pego este y no otro de otro medio de comunicación para ver si os dais cuenta de dónde está el estereotipo aquí. El País, uno de los periódicos que que tiene (o tenía) más prestigio en España, relega un discurso de la Organización de Naciones Unidas a su página de moda. Quizá porque quien dio ese discurso es una actriz guapa que hace nada anunciaba cosméticos de Chanel, quizá porque ser mujer es un estereotipo y en cualquiera de sus apariciones, por muy muy serio que sea el acto, se le analizará el vestido y los zapatos.

Ser mujer significa muchas cosas. Para un equipo de recursos humanos ser mujer quiere decir que puede ser madre en cualquier momento. Para un jefe se traduce en un empleado que puede cobrar menos. Para un equipo deportivo supone alguien que está en inferioridad de condiciones. Para una revista de moda es principalmente una imagen. Para una madre supone muñecas, tampax y preocupación cuando salga las primeras veces.

Y ojo, que también hay casos en los que se da la vuelta a la tortilla, no hace mucho una chica denunciaba que había sido violada por un grupo de chicos. Todos (y me incluyo) enjuiciamos a aquellos jóvenes, hasta que una juez (o jueza, porque era mujer) los absolvió y entonces las críticas fueron para ella. La chica se amparó en que era mujer para mentir (como después ella misma ha confesado) y la sociedad en proteger al llamado popularmente “sexo débil”. Porque los chicos no lloran y las chicas tenemos que guardar las formas.

Seguirá pasando, hoy y mañana, hasta que ser mujer deje de tener más de un significado y, por supuesto, hasta que deje de ser el estereotipo que todos hemos alimentado.

Definiciones RAE:
estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

mujer:

  1. Persona del sexo femenino.
  2. mujer que ha llegado a la pubertad o a la edad adulta.
  3. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer!
  4. mujer que posee determinadas cualidades. Mujer DE honor, DE tesón, DE valor.
  5. mujer casada, con relación al marido.

Ea

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Nunca dos letras, dos vocales que por separado dicen bien poco, significan tanto cuando aparecen juntas.

Ea es mucho más que una palabra para los jiennenses, es una expresión con la que puedes decir mil cosas y dar a entender otras tantas. Si eres de Jaén ya sabes a qué me refiero, pero si no lo eres, no te preocupes que te lo explico y seguro que descubres que en tu ciudad hay otra palabra (quizá con más letras) que sirve para lo mismo. Porque el lenguaje hablado, a veces, es infinitamente más rico que el escrito.

Ea, en Jaén, es la palabra más utilizada en las respuestas a cualquier tipo de pregunta. Aunque según la entonación, el volumen, los gestos que la acompañen y lo que se alargue la palabra cuando se pronuncie, el significado puede ser muy distinto.

Aquí os pongo solo algunos ejemplos de situaciones en las que se puede utilizar ea y contestar a casi lo que sea.

Afirmación
El uso más común de la palabra es para decir que sí, cuando quieres afirmar algo pero tampoco quieres dar mucha más información, o para contestar a esas preguntas que se hacen por hablar de algo pero que la respuesta es lo de menos.
-¿Hace buen día, eh? Ea. (Pues si tu lo dices…)

Prestar atención
Puedes indicar que estás escuchando una conversación (aunque te importe poco) con un simple ea intercalado en la charla aprovechando un mínimo silencio de tu interlocutor.
… pues fíjate que salimos fulanito, menganito y yo y fuimos al tal pub y cuando estabamos a punto de pedirnos unas copas llegó cetano, al que no habíamos llamado, y no me veas la que se lió… Ea (me perdí hace tres cuartos de hora pero sigue, sigue) … y en esto que no sabíamos qué hacer pero pensamos…

Resignación
Contestas a algo que te mandan (y normalmente no te apetece hacer nada) con un simple ea para no entrar en más discusión, y claro, al final lo acabas haciendo. Normalmente se dice bajito y para uno mismo.
-A ver si me ayudas a hacer la mudanza. -Ea (ya me ha tocado).

Para cambiar de tema
Cuando quieres dar por zanjado un tema o cuando estás harto de un tema y quieres hablar de otra cosa.
-Nene, qué pedazo de partido te has perdido. -Ea (por cierto, ¿te acuerdas de que no me gusta el fútbol?)

 Para dar una respuesta con fundamento cuando te han pillado una mentira
Cuando te pillan in fraganti y, o no se te ocurre nada mejor que decir, o prefieres no cagarla más.
-¿Pero qué haces con esta pelandrusca si yo soy tu novia? -Ea.

Cuando no tienes ganas de hablar
Y siempre llega alguien que se da cuenta e insiste para que te metas en la conversación.
-Estás muy callado hoy, ¿no? -Ea.

Pos ea
Cuando al ea de toda la vida le antecede la palabra pos (nunca en Jaén oirás que alguien dice pues ea) los significados pueden ser practicamente los mismos que los anteriores (aunque normalmente contestar con pos ea es más tajante) o incluso alguno más.

Pero eso, ya lo contaré otro día tomando una Alcázar fresquita, ea.

Definición de la RAE
ea interj. U. para denotar alguna resolución de la voluntad, o para animar, estimular o excitar. U. t. repetida.

Winter is coming

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El día que tu madre te dice que te lleves una rebequita porque está empezando a refrescar es cuando oficialmente acaba el verano (y empieza directamente el invierno, porque la primavera y el otoño son estaciones en peligro de extición). Ni hombres del tiempo ni calendario internacionalmente reconocido, hay señales a tu alrededor que te indican que, como dirían en Juego de Tronos, winter is coming.

  • Toca cambiar el armario, sacar la ropa de invierno y guardar la de verano. Los que se quejan de semejante tarea no lo hacen tanto por el esfuerzo que este cambio supone como por el hecho de que llega el momento de probarse esos vaqueros del año pasado y descubrir, ¡oh horror!, que hemos engordado de lo lindo en verano.
  • Vives de noche, y no porque te hayas convertido en vampiro, sino porque te levantas para ir a trabajar cuando aún no ha amanecido y cuando vuelves a casa ya ha anochecido. Los fines de semana, tu única oportunidad para disfrutar del sol, suele llover torrencialmente y tú, al final, pospones los planes que tenías para cuando haga mejor tiempo.
  • Precisamente la lluvia es uno de los fenómenos naturales típicos de esta época del año. La primera de la temporada invernal te pillará en plena calle, con sandalias o en su defecto unas Converse de telita. Si tienes la suerte de que te pille en el coche, descuida, será el día que vengas de lavarlo.
  • Pones una manta en el sofá, porque aunque tengas calefacción central, brasero y suelo radiante; no hay nada que abrigue tanto cuando te tumbas a ver una película que una manta (aunque sea de esas malas de las de avión).
  • A lo largo del día pasas más tiempo bajo techo que al aire libre, lo contrario que pasaba en verano, que si se caía la casa no te pillaba dentro seguro.
  • Las pocas veces que decides salir a pasear, porque tampoco hace tiempo para eso, descubres que donde antes había terrazas de verano ahora hay aceras.
  • La amplitud térmica cuando entras en algún sitio es de unos 20 grados, aunque bueno, esto en verano también pasaba pero al revés, la diferencia es que en invierno en los establecimientos bajo techo hay pilas de ropa allí donde mires.
  • El momento más temido del mes no es cuando tu suegra va a venir a comer o cuando tu jefe te llama al despacho, es mucho peor ese instante en el que llegas a casa, miras el buzón y allí está: la factura de la luz.
  • El color de moda vuelve a ser el blanco, pero no el de la ropa, sino el que toma tu piel cuando no recibe nada de luz solar y ya no recuerdas que una vez, no hace mucho, estuviste tumbado en la arena de cualquier soleada playa.
  • Viajar te da más pereza que en verano, sobre todo porque la maleta que tienes que llevar ocupa el doble al llenarla de ‘porsiacasos’ (y eso que las botas que más te ocupan las llevas puestas durante el trayecto).
  • Hace más de dos noches seguidas que te arropas. Aún no ha llegado el tiempo de dormir con calcetines pero sabes que ese día está acercándose.

Pero sobre todo, para saber cuando ha llegado el cambio de estación, sólo hay que estar atento a tu vecino el del quinto, que no es meteorólogo ni nada por el estilo, pero hoy, cuando te lo has cruzado en el ascensor, te ha dicho eso de: “¿parece que está refrescando, eh?”. Y tú, en ese momento, has pensado (y contestado al vecino del quinto) eso de “¡vaya, cuando queramos darnos cuenta estamos en Navidad!”.